No. 143 - Carole King’s “It’s Too Late” changed my life (en español)
This Song Changed My Life is an independent music publication featuring weekly essays from people all around the world about the songs that mean the most to them. Created (and illustrated) by Grace Lilly.
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Edición especial: Today’s essay was originally written in Spanish by José Luis Ruiz and translated to English by Humberto J. Rocha. Scroll down to read in Spanish, or click the button to read in English.
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Lo recuerdo bien, tenía apenas 13 años cuando pude reunir los siete pesos que costaba el disco de 45 revoluciones, unos 45 centavos del valor actual del dólar.
Corrí, literalmente, hacia la tienda Gigante, la primera de autoservicio que abrió sus puertas en México a finales de los años sesenta. Siete pesos era una fortuna para mí, y seguramente para la mayoría de los chicos de mi edad que pertenecían a la naciente clase media baja urbana. Se trataba de un disco de Carole King, en el que interpretaba It’s Too Late. Era el primer disco que le regalaría a una compañera de la escuela, alguien especial, de la que por primera vez sentía algo diferente, indescifrable, desde el día que la vi entrando al salón de clases.
Esa mañana, no recuerdo con precisión el día, la presentó el profesor y la sentó en la última fila, para mi fortuna, porque yo ocupaba alguno de los últimos pupitres, en los que postraban a los alumnos incorregibles y nada brillantes en las aulas. Yo era de ese club, pese a los regaños de mi madre. Por supuesto que no recuerdo de lo que hablamos ese día, o incluso si hablamos, pero como si fuera ayer, no olvido que me estremecí al sentirla cerca, justo junto a mí.
Desde luego que a los pocos días ella ya se sentaba en los primeros asientos del grupo B del primer grado de educación secundaria. Era una chica aplicada en el estudio y no había decisión más sensata que separarla de los chicos malos del grupo, de ese grupo de mala fama al que yo pertenecía. Aun así, sin pretenderlo se encendió entre los dos la flama de la empatía.
A las pocas semanas de su llegada su madre organizó un convivio en el pequeño apartamento en el que vivía la familia. Tenía tres hermanas y un hermano, todos serios, con cara de niños listos, con lentes y bien arreglados, diferentes a mí en todo. Ese día, ajeno a la audiencia, niños todos, el padre disponía de la música a su antojo, ¡claro!, música de los años setenta. Quedaba a la vista que disfrutaba gobernando el tocadiscos y de su gama de discos, los había de cantantes que también yo disfrutaba en la casa, de todas las Bandas, desde Chicago, Blood, Sweat & Tears, Steely Dan, Tommy James & The Shondells, Santana, Malo y Fleetwood Mac, entre muchos otros, y de cantantes como Al Green, Marvin Gaye, James Taylor, Billy Joel o James Brown.

Todos ellos estaban ya en mi universo musical, el cual se fue expandiendo gracias a la influencia musical de mi padre quien, en todo momento, principalmente cuando lo acompañábamos en el auto, solía sintonizar Radio Capital o Radio Mundo, para escuchar la música del momento y con la que se identificaba, no por sus letras, que estaban en inglés y no entendía, sino por sus arreglos y ritmos. “La música se siente, se disfruta”. Nos decía con tanta frecuencia a mis hermanos y a mí, que la frase quedó en nuestra memoria. Por supuesto que le gustaban los boleros, de compositores mexicanos que conquistaron al mundo, y de ejemplo Consuelito Velázquez y su Bésame mucho, que fue traducida a varios idiomas e interpretada por los grandes de aquella época y la actual. Pero también gozaba de la trova y los sones cubanos, de los ritmos del caribe y la salsa, también de Frank Sinatra, Charles Aznavour, Tom Jones, Tony Bennett, Sammy Davis Jr., Nat King Cole, y un sinfín de míticos cantantes de todas las geografías.
Y entonces llegó el día del beso, del primer beso, en esa reunión escolar, que no fue más que la unión de los labios de ella y los míos, a escondidas, apresurado, en la puerta del baño del apartamento, tan emocionados y nerviosos. Y justo en ese momento, por azar del destino, su padre puso el disco con la canción It’s Too Late, de Carole King, con esa letra que no tenía idea de lo que hablaba pero que me unió a ella para siempre en un recuerdo inmaculado. Y su significado no era para nosotros “Demasiado tarde”, fue el justo ahora, el momento, con su mensaje implícito, el de la esperanza.
There’ll be good times again for me and you,
But we just can’t stay together, don’t you feel it too?
Still I’m glad for what we had, and how I once loved you
Como pude, reuní los siete pesos para comprar el disco, el que guardó atesorado en el ropero de su habitación, me lo confesó con el tiempo. La revelación me postró en un limbo divino, porque no imaginaba siquiera que algo que creí tan simple como un disco de solo 45 centavos, pudiera significar tanto para ella. Desde entonces también valoro esos pequeños detalles que te va obsequiando la vida.

Y de ahí a gozar de esa música, la de aquellos años, y del recuerdo de aquella niña que años después dejé de ver para siempre. Sin duda, It’s Too Late fue un parteaguas en mi vida, en mi formación, y no solo musical, sino de mi propia existencia.
Todavía recuerdo la portada del álbum de Larga Duración, Tapestry, de 1971 en la que aparece Carole King sentada en la repisa de una gran ventana de su casa en Los Ángeles, acompañada de su querido gato Telémaco, y que con el tiempo ya pude comprar más que con solvencia por un cariño magno e infinito.
Nací en 1960, año en el que comenzaron a gestarse cambios significativos en el mundo, de transformaciones que todavía hoy relampaguean en el horizonte, y que marcaron profundamente mi formación integral. Me siento un privilegiado por ser parte de una generación que ha atestiguado fenómenos sociales tan diversos, y de la evolución acelerada de una tecnología que en mis años de niño y adolescente estaba tan lejana y era casi utópica. Seguí a través de la televisión la llegada del hombre a la Luna en 1969 (sigue la polémica sobre si en verdad esto sucedió), en una transmisión en blanco y negro y ahora del viaje de Artemis II a nuestro querido satélite natural, 56 años después. Por supuesto, que ambos sucesos me siguen asombrando y confirmando que el ser humano sigue siendo una fuente inagotable de creatividad.
La música es ejemplo vivo de ello y sigue estando ahí, acompañando los cambios, refrescando al mundo. En los setenta fue la icónica canción de Marvin Gaye, What’s Going On, la que ponía el acento en aquellos convulsos años, mientras que, en el presente, el fraseo peculiar de Bad Bunny descarga pasiones en la trepidante era de las redes culturales, político y sociales.
Cuando escucho aquella música de los años setenta reflexiono sobre su legado social, en todos los ámbitos, y creo que nadie puede regatear su aportación a un sinfín de formas de la expresión humana.
El sentido de pérdida siempre ha navegado en mí, y aunque no era ciertamente consciente de lo que era tener a alguien junto a nosotros, sabía que lo que teníamos nos hacía feliz. Para mi entonces, la música se convirtió en una bandera, y It’s Too Late, en un himno que me ha acompañado por lustros, y que curiosamente me tocó escuchar en la soledad de casa tras la partida de quien sigue siendo muy especial en mi vida.
Hoy día, sigo escuchando aquella canción de Carole King, como muchas otras de esta gran artista, y todavía me estremezco por los recuerdos que me invocan, y que me llevan en un viaje de ilusión y fantasía hacia esos años, ya lejanos de mi vida.
Si bien es cierto que la letra de la canción habla de lo tarde que puede ser todo para arreglar algo, también es una ventana de oportunidad que se abre hacia la esperanza. Esa canción siempre vivirá en mí porque sé que nunca es tarde ni para el amor ni para la reconciliación. ◆
About José Luis
José Luis Ruiz vive en la Ciudad de México, donde a diario encuentra algo nuevo y sorprendente. Es un periodista de formación, pero sobre todo por convicción. Ahora, la comunicación es su campo de acción. Disfruta de la música, del cine, del béisbol y de la literatura. La lista de sus autores es larga y variada. Es un andariego y lector empedernido.
X @jlruiz10
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